Sin duda alguna el agua es una sustancia indispensable en la salud y la belleza de nuestro cuerpo, ya que este preciado líquido colabora con el funcionamiento de distintos órganos y músculos, al igual que interviene en diversos procesos relacionados con la respiración, la circulación, la digestión y por supuesto nuestra piel.

Desde el punto de vista tanto estético como funcional, una piel correctamente hidratada actúa como barrera de protección frente a los agentes externos, ya sea por el clima o agentes cotidianos a los que usualmente tengamos contacto. Sin embargo, cuando los niveles correctos de hidratación descienden, la piel pierde su capacidad protectora y de autorreparse, tornándose frágil, áspera, menos elástica y por consiguiente más vulnerable a padecer un envejecimiento precoz.

¿Qué altera la hidratación de tu piel?

Al someter la piel a distintos cambios de humedad, ocasionamos la pérdida de lípidos y la evaporación rápida del agua, lo cual puede agravarse en pieles maduras, cuya capacidad de retención es menor; de igual manera, otros factores sumados como el estrés, el uso de productos detergentes, la contaminación ambiental y los malos hábitos inciden negativamente en los niveles de hidratación de la piel. Los resultados no se hacen esperar, ya que la capa hidrolipídica se deteriora, causando la pérdida de luminosidad y jugosidad del tejido favoreciendo  un aspecto seco, rugoso y más envejecido. 

¿Cómo mantener una piel hidratada?

En primer lugar es importante entender que mantener la hidratación adecuada es tarea de todos los tipos de piel, desde los cutis grasos hasta las pieles secas y maduras; pese a que cada una tiene distintas necesidades, lo cierto es que la hidratación debe ser un paso esencial para cada tipo de piel. ¿Quieres mantener tu piel HIDRATADA? Recuerda estos TIPS:

 

1.    ¡No hay dos PIELES iguales!

Identifica TU tipo de piel y en función a esto busca los productos más adecuados. Hay productos con activos que atrapan la humedad del exterior como la Urea, mientras que otros previenen la pérdida de agua a través de compuestos como el Óxido de zinc y aceites minerales y los emolientes que restauran el espacio entre las células de la capa más externa de la piel como el ácido hialurónico y los ácidos grasos.

2.  ¡No IGNORES las zonas más SENSIBLES! 

Incluye dentro de tus cuidados diarios zonas sensibles como labios, cuello, escote y contorno de ojos, pues estas áreas requieren cuidados focalizados. Estas zonas al presentar una piel más fina, son presa fácil del paso de tiempo y las agresiones del medio, por lo que deben ser constantemente hidratadas y protegidas con productos específicos; incluye la zona del cuello como una extensión de tu rostro e hidrata el escote después del baño, como parte de tu hidratación corporal. En cuanto a los labios, los bálsamos hidratantes con protección solar también deben ser tus mejores aliados en el día a día y las cremas para el contorno de ojos deben estar enfocadas en nutrir, brindar confort, calmar y ejercer una acción correctiva frente a los signos de la edad.

3. ¡Ayuda a que tu piel RESPIRE!

 Dedica un espacio a tu rutina de cuidados diarios: limpieza, tonificación, hidratación y protección. No olvides que la hidratación por sí sola no tiene el mismo efecto si nuestra piel no está completamente limpia, independientemente si la maquillas  o no, ya que durante el día se acumulan partículas del ambiente y la contaminación, las cuales favorecen la deshidratación y la desvitalización; por esta razón, desmaquilla y limpia tu piel tanto en las mañanas como en las noches, para que los productos que emplees tengan mayor  efectividad.

4.  ¡La dieta es la CLAVE!

 No la descuides, recuerda que el primer paso para mantener una piel sana e hidratada empieza desde tu interior; bebe suficiente agua, incluye alimentos que contengan betacarotenos y flavonoides, nutrientes que ejercen un efecto protector, antioxidante y potente a la hora de combatir los radicales libres, al igual que minerales como magnesio, calcio y hierro, con la capacidad de mejorar la hidratación del estrato córneo de la piel, presente en alimentos tales como la avena, la zanahoria, la naranja, el Kiwi, entre otros.

5. ¡Siempre busca la SOMBRA! 

El sol es uno de los responsables de la pérdida de agua en nuestra piel, además de la degeneración de las fibras de colágeno y elastina, por lo que es vital el uso diario de un fotoprotector solar mínimo un FPS 30+ para las zonas más expuestas, teniendo en cuenta que hay que reaplicar cada 2 horas.

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